En mi casa, el baño estaba afuera. Tenías que salir al gran patio, rodear la higuera, y llegar a la imponente habitación.
Con mi curiosidad de niño, para mi el baño tenía un atractivo incomprensible, pero era muy curioso. Entrar en esa inmensa habitación , observar su bañera con patitas, sus muebles de losa inglesa , un inmenso mueble que no comprendía mucho para que servía….( Hoy se que era para la mejor higiene de las señoras).
Pero lo que realmente me atraía era el perchero y el arcón. ¿Qué hacían allí ese perchero y ese arcón? No me cansaba de mirar la elegancia del perchero, sus líneas vienesas , sus color oscuro y brillante, su fina madera terminada en curvas tenues.. Allí siempre colgaba mi capa para la lluvia y mis botas, y, siempre sentía lo mismo ..tristeza por afearlo.
Y, el Arcón ¿ qué función cumplía allí? Sentada dentro de la bañera me pregunté si hablarían entre sí. Casi se los pregunto. Entonces fue cuando el perchero me dijo que se sentía muy feliz por haber viajado tanto , y poder terminar sus días en ese Baño tan importante…. Y, el Arcón haciendo alarde de su madera me dijo que mi baño era más perfumado por su penetrante aroma a roble.
No pude resistir la tentación de abrirlo, y allí había paquetes de cartas ordenados , atados con cintas de distinto s colores. MI CURIOSIDAD ME HIZO IMPRUDENTE
Sentí la tentación de abrir alguna de aquellas cartas…No entendía eran cartas de amor para mamá…..pero…no eran de mi padre.
Las guardé con apuro. Guardaremos tu secreto me dijeron.., pero yo no sabía que hacer con mi corazón que latía fuertemente.
“Que vengas a hacerte las trenzas , Ana, gritó mi madre…
Pero Yo casi no me podía mover, fue entonces cuando ellos me dijeron –ve, ve que ya es tarde…
Y allá fui a someterme al tirante peinado de las trenzas que me dejaban los ojos como si fueran de una japonesa….
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